Xul Solar
Troncos, 1919
Ronda
1925
Sin sexo, sin rostro, cada uno de los personajes representados en Ronda, en realidad, parece ser parte de aquellas danzas infantiles, rondas de niños. Algo que inclusive afirma la asociación que podemos establecer con aquellas guirnaldas o cadenas de figuras humanas realizadas en papel recortado. Un origen y una cualidad que se percibe claramente en la unión de los brazos (sin manos), único punto de encuentro entre ellos. Esas cadenas destinadas a ser extendidas en un espacio aéreo aquí se despliegan sobre el plano y, sin embargo, no pierden su propiedad original en tanto flotan o se mueven en un espacio abstracto.
Se trata de personajes antropomorfos construidos a partir de figuras geométricas más o menos regulares: cuadrado, rectángulo, trapecio, paralelogramo, círculo, óvalo; es así que sus formas exacerbadas por la geometría son más llamativas que en otras obras del período. Por su parte, piernas y brazos dinamizan la composición: se trata de un movimiento hacia la derecha de dos líneas de figuras (cuatro y tres respectivamente) que no describen curvas pero que, no obstante esto, marcan un movimiento que obliga a suponer que sus extremos lograrán encontrarse en algún punto.
En ese espacio abstracto que hemos señalado podemos identificar también cuatro estrellas de seis rayos (¿estrellas de David?), cinco esvásticas que giran unas hacia la derecha y otras hacia la izquierda (dextroversa y sinistroversa), el sol y la luna, cuatro cruces de san Andrés y también pequeños círculos y rombos y un par de banderas, una de ellas argentina. Otra vez aquí, como en el caso de San danza de la colección de Malba, nos preguntamos cómo debe ser leída la obra en tanto cada uno de los símbolos representados es plurivalente. Primero habría que reconocer algo que aparece en la producción de Xul en 1923 y se afirma al año siguiente: el empleo de la equis. En el caso de Ronda la equis es representada de dos maneras distintas, pero en ambas situaciones aluden al yo del narrador quien deja su firma en la pintura integrándola formal y simbólicamente a ella. Por eso la cruz de san Andrés no es tal en términos de su significado, y tampoco son simplemente cintas las que visten a cinco de los siete personajes, son también equis formadas por las intersecciones de líneas que generan distintos ángulos, sin contar su variación de color y de espesor. Esto ya lo ha indicado Jorge Schwartz para quien, además, en “el repertorio de señales esotéricas la X ejerce un papel autoral simbólico, fonético y religioso […]”1.
Pero ¿qué es lo que esta Ronda significa? Y aquí su sentido nos lo proporciona Mme. Blavatzky, quien en su Glosario teosófico (The Theosophical Glossary, 1892), en la entrada correspondiente a “Rondas (Círculos, Anillos o Revoluciones)” explica que la ronda es “una oleada de vida” que da una vuelta completa a cada una de las siete Cadenas planetarias, estas últimas compuestas a su vez por siete globos o mundos:
Los siete globos de la Cadena constituyen en conjunto un agregado o cuerpo planetario que se desintegra y se forma de nuevo siete veces en el curso de la vida planetaria. Esta Cadena tiene, pues, siete encarnaciones, por decirlo así, y los resultados de cada una se transmiten a la siguiente. Estas siete encarnaciones (o manvantaras) constituyen la evolución planetaria, el reinado de un Logos planetario, y cada una de ellas se subdivide en siete períodos. Una oleada de vida, procedente del referido Logos, da una vuelta completa por la Cadena, y siete de estas grandes oleadas de vida, denominadas «Rondas», completan un manvantara.2
De qué manera la compleja teoría de la evolución planetaria se traduce plásticamente no es clara pero, tal vez, lo que Ronda muestra es una Cadena planetaria cumpliendo una de las siete encarnaciones. Esta interpretación de la obra probablemente esté lejos de ser definitiva pero nos proporciona una posible introducción a ella acorde con los intereses del artista: sabemos que estando en Londres, probablemente hacia 1913 adquirió An Abridgment of The Secret Doctrine: A Synthesis of Science, Religion And Philosophy by Helena Petrovna Blavatsky (1907) de Katharine Hillard, pero fue solo durante su estancia en Alemania (1921-1923) que pudo acceder a los cuatro volúmenes que componen la obra original de Blavatsky Die Geheimlehre: Die Vereinigung von Wissenschaft, Religion und Philosophie en la edición de Theosophisches Verlagshaus (1919-1921), con su tomo 1 titulado Kosmogenesis. Vale la pena recordar aquí la existencia de otras lecturas contemporáneas de Xul –por ejemplo Die Geheimwissenschaft im Umriss de Rudolf Steiner– que señalan su necesidad de comprender, desde las ciencias ocultas, el origen y la evolución de la vida planetaria, lo que tanto Blavatsky como Steiner plantean en sus respectivas obras.
Texto de Patricia M. Artundo
Notas
1. Jorge Schwartz, “‘Sílabas las estrellas compongan’: Xul Solar y el neocriollo”, en Xul Solar: visiones y revelaciones, Buenos Aires, Malba - Colección Costantini, 17 de junio al 15 de agosto, 2005; San Pablo, Pinacoteca do Estado de São Paulo, 24 de septiembre al 30 de diciembre, 2005; Houston, The Museum of Fine Arts, enero a abril, 2006; México DF, Museo Tamayo de Arte Contemporáneo, mayo a agosto, 2006, p. 39. ↑
2. H.B. Bravatsky, Glosario teosófico, traducción de J. Roviracta Borrell, Buenos Aires, Editorial GLEM, 1957, p. 661. ↑