Xul Solar
Troncos, 1919
Yo, el 80
1923
¿Cómo se leen las inscripciones que presenta Yo, el 80 y que le dan su título? Sobre “Yo”, en principio, no parecen existir dudas, ya que la palabra está escrita en el rostro del personaje. Las otras inscripciones, ¿deben leerse “EL 80”, o debe ser “EL” y “80”? En verdad, no lo sabemos, y solo podemos manejarnos con una hipótesis de trabajo. Tal vez la pregunta a formularnos primero debería ser otra: cuál es la función que cumplen las inscripciones en las pinturas de Xul Solar, y, a partir de ahí, ver si obtenemos alguna respuesta que nos aclare el sentido de esta obra en particular.
Desde fines de la década de 1910 y durante los primeros años de la siguiente, la asociación entre imagen pictórica y escritura es frecuente en sus acuarelas. En muchos casos, uno reconoce al yo del narrador (pintor) que refuerza el contenido de la pintura (figurativa) a través de la palabra. En otros casos, sirve para identificar personajes: Tlaloc, Heliodoro, Rei rojo, pero también puede indicar o clarificar el desenvolvimiento de una acción, como en Fluctúa navesierpe (“FLUCTÚA / NAVESIERPE / PORLA / EXTENSIÓN / ISUCORNAKE), o, inclusive, tratarse de breves poemas, como en Tu fado ke me elegiste: “TUFADO / KEMELEGISTE / COMOAMADA / RÓSEA /OROI/ MUIAZULENALTA / ICOMOÍDOLO / VIVODETUS / HOMENAJES / ITEBENDIGO”.
Si la pintura para Xul es necesariamente autorreferencial, ese “Yo” inscrito con tinta sobre un rostro, ¿qué significa, además de identificar al propio pintor? Aquí debemos aclarar que no parece tratarse de un autorretrato, como en el caso de Imitá mi pax (ca. 1920), donde uno puede reconocerlo sin dificultad, ya que, aun manejándose con un lenguaje absolutamente moderno y formalista, el personaje posee un parecido físico con el pintor que permite relacionarlo con él. Para comprender el sentido de ese “Yo” podemos recurrir a la definición de “Ego” de Mme. Blavatsky, quien, en su Glosario teosófico, indica: “‘Yo’; la conciencia en el hombre de ‘Yo soy Yo’, o sea el sentimiento de la cualidad o condición de ‘Yo soy’. La filosofía esotérica enseña la existencia de dos Egos en el hombre, el mortal o personal, y el superior, divino e impersonal…”.1
¿Es posible asociar a la figura representada en Yo, el 80 con uno de los dos Egos? En realidad, no es difícil realizar esa operación; sin embargo, el punto es a cuál de ellos corresponde la figura. Y en este punto solo podemos tener una respuesta por fuera de la obra misma y considerar otra pintura del mismo año, titulada Ego.2 Tanto en las medidas del soporte utilizado como en su técnica, los recursos plásticos empleados, parte de su iconografía e inscripciones, ella posee varios puntos en común con la obra analizada aquí. Se trata de un rostro que ocupa gran parte de la superficie pictórica y que lleva escrita la palabra “EGO”, y en el lateral derecho, el número “78”; el mismo tipo de inscripciones, incluida su ubicación en el plano, que en Yo, el 80.
Si podemos asociar ambas obras a un Ego personal y a otro impersonal, ¿cuál es cuál? En este sentido, hay marcas en ellas que pueden orientarnos. En el caso de la acuarela de Malba, hay ciertos elementos que indican una dimensión temporal y personal: el gorro con visera y los bigotes anclan en un tiempo determinado al personaje. Y si ambas piezas comparten la presencia de una gran flecha, Ego se distancia de su par, pues carece del tipo de marcas que sirven para identificar a un sujeto: por el contrario, de su cabeza emerge una gran franja luminosa pintada de un amarillo intenso. Es el “Ego divino, impersonal, individual e imperecedero”, frente al Ego personal de Yo, el 80, el “hombre físico en unión con su yo inferior, esto es, las pasiones, los deseos, los instintos animales”.3
Esta interpretación nos permitiría leer la inscripción en la obra como “Yo/ÉL”, pero hay algo que atenta contra esta lectura: el hecho de que la palabra “el” no aparece acentuada, algo que Xul, aun empleando letras mayúsculas, no dejaba de indicar. Por su parte, el número “80” –al igual que sucede en Ego con “78”– queda sin poder ser aclarado; es decir que ambas obras nos hablan de algo más, pero nosotros ignoramos cómo esos números completan su sentido. En el caso de la producción pictórica de Xul Solar no es una situación inusual: el artista nos propone un texto narrativo, en este caso a partir de la relación entre pintura y escritura, pero no siempre clarifica totalmente de qué se trata, y esto a pesar del trabajo que nos obliga a realizar para acercarnos a él y comprenderlo siquiera parcialmente.
Texto de Patricia M. Artundo
Notas
1. Bravatsky, H.B., Glosario teosófico, trad. J. Roviracta Borrell, Buenos Aires, Editorial GLEM, 1957, p. 183. ↑
2. Acerca de esta obra, cf. Xul Solar, Alejandro et al., Xul Solar. Catálogo razonado: obra completa, Buenos Aires, Fundación Pan Klub, 2016, vol. 1, nº 604, p. 247. ↑
3. Bravatsky, H.B., op. cit., ibid. ↑