Xul Solar
Troncos, 1919
Los cuatro
1923
Un sol cuyos rayos iluminan los rostros de cuatro personajes, cada uno de ellos identificado por un número de 1 a 4. Descripción primaria de Los cuatro, una pintura moderna (y figurativa) que no nos proporciona mayor información, ¿cuáles pueden ser entonces las vías a seguir para analizarla y aun pensarla en el contexto de la producción de Xul Solar y, si es posible, encontrar una clave de lectura?
La pintura en sí presenta algunas particularidades que permiten ir más allá de un primer análisis descriptivo; nos referimos al tamaño y al formato del soporte empleado. Fue sobre todo entre 1919 y 1920 que Xul priorizó para algunas de sus obras un pequeño papel cuyas dimensiones generan un espacio estrecho, la mayoría de las veces en sentido vertical. Aunque en Los cuatro las medidas del rectángulo no se tornen tan extremas, generan igualmente un formato que por las proporciones elegidas resulta acentuado en sentido horizontal. La elección indicada obliga a una aproximación del espectador a la pintura para poder observarla, el mismo acercamiento del artista al momento de su ejecución. A ello se suma que las cuatro caras representadas aparecen en un primer plano lo que conduce, necesariamente, a que se vean recortadas, en tanto él aplicó en ellas un recurso propio de la fotografía como lo es el close up. Es ese recorte el que también ayuda a que el espectador se sienta más comprometido con la obra, pues aquello que no se ve representado allí existe presumiblemente en otro espacio que no es otro que el suyo.
En cuanto a la técnica elegida, podemos destacar el empleo de acuarela (con toques de gouache), y a la manera de tratarla, con sus delicadas transparencias que a simple vista permiten observar el dibujo al lápiz subyacente. En este punto es necesario aclarar que Xul no se ocupó ni se interesó en ocultar esa huella de su mano, una marca que permite reconocer una de sus prácticas documentada ya en sus primeras obras: la realización siempre de un dibujo que es previo a la aplicación de la pintura pero que es estructural a ella en tanto constituye el andamiaje sobre el que es construida. Asimismo, es posible reconocer el empleo de figuras geométricas (triángulos, rectángulos, semicírculos, etc.) que son las que definen el rostro, los ojos, la boca, la nariz y la oreja. Pero esas formas carecen de rigidez pues las líneas rectas se alternan con otras levemente curvadas. A ello se suma el hecho de que ninguna recta es totalmente recta y esto se debe a la manera en que es aplicada la acuarela, sin cuidado por respetar el marco contenedor del dibujo preexistente.
Por otra parte, en el borde superior se posiciona el sol (un pequeño semicírculo) que adquiere protagonismo más que por su ubicación y tamaño, por la materialización de sus rayos. Estos descienden sobre cada uno de los personajes aunque el camino que recorren no es directo, ellos se quiebran y se desvían y, al mismo tiempo, provocan transformaciones en el color que se ve afectado por ese derrame de luz solar. Al respecto, en las pinturas de Xul la presencia del sol se puede identificar a partir de 1919, pero es durante 1922 que, en términos iconográficos, él y sus rayos –tal como aparecen en Los cuatro– se reiteran en varias oportunidades: los rayos no solo descienden del sol sino que, materializados, generan un movimiento en superficie que es indicado por su posición en el plano. El sol ilumina desde arriba y bajo su influjo tienen lugar distintas escenas, obras en las que además predomina la relación entre pintura y escritura que caracteriza la producción de esos años.1 Cada rostro funciona como retrato ya que es individualizado aun cuando en realidad se trata de pequeñas variaciones en las que solo la inscripción del número permite operar una identificación clara entre uno y otro. Pero los números en sucesión ascendente refuerzan la lectura de izquierda a derecha: son cuatro rostros, cuatro números y cuatro rayos solares. Dicho esto podríamos proponer –y de hecho en otra oportunidad lo hicimos– una lectura de la obra a partir de la ciencia de los números en tanto “clave de todo el sistema esotérico”2, según la afirmación de Mme. Blavatsky y, al respecto, conocemos la existencia de una riquísima literatura de época sobre el tema a la que Xul debe haber accedido en su tiempo.
Pero también existe una distancia entre un análisis en principio simbólico y otro aritmético de un número que puede modelar nuestra lectura. En este caso el artista no parece haber querido ir más allá de aquello que podemos entender como nombrar las cosas (aquí, numerándolas). Ya lo había hecho en otra pintura titulada Hombre-perro de 1922, donde las palabras escritas al lado de cada figura señalan precisamente a un hombre y a un perro. Nombrar las cosas es conocerlas, pero también señalarlas a la mirada del otro como sucede en Los cuatro.
Texto de Patricia M. Artundo
Notas
1. Cf. Xul Solar, Alejandro et al., Xul Solar. Catálogo razonado: obra completa, Buenos Aires, Fundación Pan Klub, 2016, vol. 1, n° 520 a 530, p. 207-211. ↑
2. H.B. Bravatsky, Glosario teosófico, traducción de J. Roviracta Borrell, Buenos Aires, Editorial GLEM, 1957, p. 493 ↑