Diego Rivera
, 1886 - 1957

Nació en 1886 en Guanajuato, México. Demostró desde temprana edad aptitudes para el dibujo y la pintura, e ingresó a los 10 años a la Academia de San Carlos. En 1906 recibió una beca para continuar sus estudios en Europa y asistió a la Real Academia de San Fernando de Madrid. Atraído por la vanguardia parisina, produjo una serie de piezas cubistas. En 1920 viajó a Italia, interesado por el futurismo y por la obra de los maestros del Renacimiento. Al año siguiente, convocado por José Vasconcelos, secretario de Educación Pública, regresó a México para la realización de sus reconocidos murales públicos, y más tarde pintó otros en numerosas ciudades, a nivel nacional e internacional. Falleció en 1957 en Ciudad de México.

Este retrato del escritor Ramón Gómez de la Serna, firmado en 1915, fue hecho por Diego Rivera en Madrid, según el testimonio del retratado, pocos días antes de su exhibición en el escaparate de la Muestra de Arte Nuevo.En este contexto, causó un gran revuelo, y se recibió “una comunicación de la policía mandando que se retire el cuadro por cómo está provocando un escándalo público constante”.2

No sería casual, entonces, que fuese Ramón, epicentro de la vanguardia madrileña, el protagonista de este retrato inscrito en la poética cubista, aquella lingua franca del arte moderno para la segunda década del siglo, con la que Rivera venía experimentando desde 1913. Hacia la fecha en que firmó este retrato, Diego había abandonado la ortodoxia del cubismo para componer con planos texturados de colores vibrantes y complementarios, como sucede aquí con las gamas de los azules/terracotas y los violáceos/amarillos y verdes, algunos incluso de tintes iridiscentes. Como bien señala Olivier Debroise, la de Rivera fue una forma híbrida de cubo-futurismo de la que se sirvió para explorar la “pluralidad de tiempos” de sus retratados, como se observa en este caso en las manos y los ojos, que aluden a distintos movimientos/momentos de las acciones del escritor. Se destaca, además, el uso del esgrafiado y la arena para ganar rugosidad en una pintura en la que priman los planos texturados de carga matérica. El pintor había incorporado este último material en su obra en el verano transcurrido en Mallorca en 1914.

En el otoño de ese año, y ante la imposibilidad de retornar a París en pleno conflicto bélico, el mexicano se instaló en Madrid junto con su compañera, la artista rusa Angelina Beloff. Permaneció allí hasta la primavera de 1915. Había conocido a Gómez de la Serna en 1907, durante su primera estadía europea, cuando estudió en el taller madrileño de Eduardo Chicharro.Para mediados de la década del 10, la humanidad expansiva de Diego se integró ruidosamente en la tertulia sabatina del café Pombo, liderada por Ramón y proclamada como una suerte de refugio intelectual en tiempos de guerra. El histrionismo del escritor, animador indiscutido de este cenáculo, seguramente ejerció un fuerte influjo en Diego. Era él quien administraba allí el uso de la palabra y cultivaba los juegos delirantes con el lenguaje, mediante ironías, metáforas y trivialidades. De estos ambientes de camaradería provenían los sujetos pictóricos de los retratos riverianos; amigos y colegas con los que estaba unido por lazos intelectuales y afectivos.

Del mismo modo, Gómez de la Serna relató la grata e intensa experiencia de ser pintado por Rivera en su entrada dedicada al pintor en su libro Ismos, de 1931.Sin embargo, no fue la única vez que se refirió a este retrato, su preferido, el que aparece aludido a lo largo de su bibliografía.En él se observa al escritor –quien entonces tenía veintisiete años, dos menos que Rivera– en su estudio de trabajo. Vestido con traje y corbata a cuadros, se lleva a la boca su emblemática pipa con la mano que ostenta su también característica sortija negra. En la otra sostiene la pluma, pronto al acto de escribir. Como en la mayoría de los retratos de esta época, era una solución habitual de Rivera focalizar en la esencia del representado mediante sus atributos clave. Así sucede también en El arquitecto –retrato de Jesús T. Acevedo–,de ese mismo año, con el que el de Ramón comparte recursos plásticos como el amplio rango cromático, una composición compleja de planos que se despliegan en abanico y el uso de la arena para ganar textura. En el de Gómez de la Serna, un bloque de pelo rizado cae sobre el ojo derecho, sinécdoque inequívoca del modo en que Ramón peinaba su abundante cabello ensortijado hacia la frente y el único rasgo fisonómico, junto al esbozo de las mejillas rellenas y las patillas, propias del retratado.

El ámbito evocado es el de su abarrotado despacho de la calle Puebla, microcosmos ramoniano cuyos múltiples objetos, recogidos por París y el Rastro madrileño, condensaban su mundo de intereses. En primer plano, sobre la mesa rebatida, se divisan un tintero triangular, probablemente de aquellos realizados en cerámica de talavera, una pistola Browning, que integraba la colección de armas antiguas o en desuso acopiadas por Ramón, papeles y un ejemplar del recientemente editado El rastro.Éste se complementa con los dos textos que se ven sobre la izquierda: El libro mudo, publicado en 1911,y las Greguerías, frases breves, semejantes a aforismos, que combinaban el humorismo con la metáfora y constituyeron el recurso literario distintivo del madrileño.En el ángulo superior derecho, una ventana habilita un plano negro de tejados con chimeneas delineadas en blanco, probablemente una referencia al “nocturnismo” del escritor. Al lado, una gran espada con cabellera en su empuñadura de madera. En el otro extremo, una cabeza de maniquí de cera, de las que abundaban en su estudio, abre sus ojos impávidos mientras descansa sobre un palo. El propio Ramón manifestó en “Riverismo”: “Con ese retrato me siento seguro y desahogado [...] es el más estupendo retrato mío”, uno que hacía al público reconstruir el crimen perpetrado con la pistola y la espada, cuyo resultado era la testa femenina degollada. No era fortuito, entonces, que las cualidades narrativas de la obra se desplegasen sobre los objetos ejecutados de modo más realista, la cabeza y el revólver, dando cuenta del juego sutil con los estilos pictóricos que invadía el cubismo de Rivera y se hacía extensivo a las ficciones fantásticas de Gómez de la Serna.

Texto de María Isabel Baldesarre

 

Notas

1. Se refiere a la Exposición de los pintores íntegros, considerada la primera exhibición de artistas cubistas en España y celebrada del 5 al 15 de marzo. Participaron en ella, además de Rivera, María Gutiérrez Blanchard (María Gutiérrez Cueto), Luis Bagaría y algunos caricaturistas madrileños. Cf. Brihuega, Jaime, Las vanguardias artísticas en España, 1909-1936, Madrid, Itsmo, 1981, p. 183. Ramón Favela (en el catálogo Diego Rivera: The Cubist Years) e Isabel García García señalan también la presencia del escultor Agustín Choco. Según esta última autora, el retrato de Rivera fue colocado una vez inaugurada la exposición, por eso no figura en el catálogo.

2. Gómez de la Serna, Ramón, Automoribundia, Buenos Aires, Sudamericana, 1948, pp. 295-296. También el mexicano Alfonso Reyes relató el escándalo provocado por sus obras, cf. “El derecho a la locura” (1915), en Obras completas de Alfonso Reyes II, México, FCE, 1995, pp. 66-69.

3. Ramón había escrito un artículo temprano sobre su visita al taller de Chicharro, elogiando los cuadros abulenses de Rivera, cf. Tristán, “Chicharro y sus discípulos”, Prometeo, Madrid, año II, nº VII, mayo de 1909, pp. 80-90.

4. Gómez de la Serna, Ramón, “Riverismo”, publicado en Sur, Buenos Aires, año 1, nº 2, otoño de 1931, pp. 59-85, y ese mismo año en Ismos, Madrid, Biblioteca Nueva, 1931. La portada de esta edición está ilustrada por el retrato de Rivera. “Riverismo” retoma fragmentos de textos previos de Ramón, el incluido en el catálogo de la Exposición de los pintores íntegros, de 1915, y “Mi retrato cubista”, La Esfera, Madrid, año 10, nº 513, 3 de noviembre de 1923.

5. Cf. Gómez de la Serna, Ramón, “El retrato perdido”, Saber Vivir, Buenos Aires, nº 100, abril-mayo-junio de 1952, pp. 41-43, incluido en Nuevas páginas de mi vida, Madrid, Alcoy, 1957, capítulo XXIX.

6. Pertenece al Museo de Arte Carrillo Gil, Ciudad de México.

7. El rastro, Valencia, Editorial Prometeo, 1914. La portada que ilustra Rivera no se corresponde, sin embargo, con la de la primera edición de este libro. (Cf. http://www.ramongomezdelaserna.net/Abc3.obra.htm).

8. Una primera versión de estos ensayos había aparecido en 1910 bajo el seudónimo de Tristán en la revista Prometeo, dirigida por Gómez de la Serna. El cuadro de Rivera reproduce la portada de la edición de la imprenta Aurora, Madrid, 1911.

9. Ramón había comenzado a producirlas en 1911; se transformaron en un libro con ese título recién en 1917. Aparecieron de modo recurrente a lo largo de toda su producción literaria.

Retrato de Ramón Gómez de la Serna, 1915

Ficha técnica

Titulo: Retrato de Ramón Gómez de la Serna
Año: 1915
Técnica: Óleo sobre tela 
110,5 x 90,5 cm
Nro. de inventario: 2003.39
Donación: Eduardo F. Costantini, Buenos Aires

En exposición

Exposiciones

Arte latinoamericano siglo XX, 2012
MALBA, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Argentina
2012

Arte Latinoamericano siglo XX, 2003
MALBA, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Argentina
2003

 

Bibliografía

Sylvia Navarrete
Diego Rivera. The Cubist Portraits 1913–1917
London
Meadows Museum-Philip Wilson Publishers
2009

Isabel García
Orígenes de las vanguardias artísticas en Madrid (1909-1922)
Madrid
Universidad Complutense
1998

Ana Martínez Collado
La complejidad de lo moderno. Ramón y el arte nuevo
Cuenca
Universidad de Castilla-La Mancha
1997

Olivier Debroise
Diego de Montparnasse
México
Fondo de Cultura Económica
1979

Obras Relacionadas