La inestabilidad y los desplazamientos caracterizaron las primeras décadas de la vida de Armando Reverón: el divorcio de los padres, la infancia al cuidado de un matrimonio sustituto, la adolescencia en Caracas junto a la madre, y la Academia de Bellas Artes. También estuvo, en 1911, el consabido viaje a Europa para consolidarse como artista, y la fascinación con Barcelona, Madrid y París, donde lo asaltó la Primera Guerra Mundial. Reverón volvió a Venezuela en 1915, se insertó en el grupo de artistas caraqueños y desarrolló una obra de cuño simbolista. Pero sintió al mismo tiempo la necesidad imperiosa de pasar largas estadías en la orilla del mar y practicar la libertad de la pintura al aire libre.

El año 1921 fue clave para la carrera del artista, porque decidió establecerse definitivamente en Macuto, un pueblo costero del litoral. En este lugar Reverón pudo despojarse de las implicancias de la vida moderna, recuperar los oficios y desplegar una percepción profunda de la naturaleza que le permitió captar la vibración de la luz caribeña; un fenómeno de irradiación tan penetrante que enceguece la visión, borra las formas y anula los colores. Para trasmitir esta experiencia en su obra, el artista llevó al límite la representación pictórica, logrando, con la monocromía del blanco (que es la síntesis del espectro cromático), plasmar la luminosidad del trópico.

Durante más de una década (hasta aproximadamente 1933), Reverón indagó los efectos del sol sobre las formas, y privilegió en sus cuadros las temáticas del paisaje y del desnudo femenino para elaborar, a partir de un sistema reduccionista, su método pictórico; trabajó sobre la tela en crudo, diluyó el dibujo y suprimió los colores hasta llegar al blanco, como expresión máxima de la luz atmosférica.

Mujer desnuda leyendo pertenece a las emblemáticas pinturas de este período. El cuadro muestra a una mujer desnuda recostada sobre una cama, leyendo. La escena transcurre en la intimidad de un espacio interior, pero la intensa luz del exterior se cuela por las aberturas. La pintura es completamente blanca, salvo las sombras que están representadas por el color sepia de la tela cruda. El artista trabajó la obra como un negativo fotográfico que exige un tiempo de percepción para que se cumpla el revelado. La mujer absorta en la lectura parece disolverse en la atmósfera que la rodea, e ignora por completo al espectador, que, con su mirada, la reconstruye.

Desde un pueblo recóndito, alejado de la civilización y los centros, Armado Reverón creó un lenguaje artístico propio, solventado en la relación personal que entabló con la geografía de su país. El artista radicalizó las premisas impresionistas y logró una estética del despojo que le permitió, con recursos mínimos, colmar la imagen y alcanzar por las suyas los postulados de la pintura moderna. Además, al enfatizar el análisis de la conciencia como percepción, abrió un campo de investigación para el arte venezolano.

 

Texto de Maraní González del Solar, originalmente publicado, en versión inglesa, en Ramírez, Mari Carmen y Pacheco, Marcelo E. (eds.) en Modern and Contemporary Masterworks from Malba - Fundación Costantini (cat. exp.), Museum of Fine Arts, Houston, 2012.

Mujer desnuda leyendo, 1932

Ficha técnica

Titulo: Mujer desnuda leyendo
Año: 1932
Técnica: Óleo sobre tela 
78 x 116 cm
Nro. de inventario:
Colección Eduardo F. Costantini, Buenos Aires. En comodato.

En exposición