¿Qué es lo que tienen en común las láminas que ilustran el Atlas der deskriptiven Anatomie des Menschen (tres volúmenes, 1919-1920), de Johannes Sobotta, y Jefe de sierpes? En principio, lo que podemos afirmar es que en ambos casos se trata de cuerpos anatómicos, es decir que, aun con las diferentes técnicas, formatos y soportes en los que fueron realizados, comparten un mismo fin: el conocimiento de la anatomía del cuerpo humano. Pero ¿qué sucede en el caso de Xul Solar y Jefe de sierpes?

Si para orientarnos partimos de una lectura descriptiva de la pintura, vemos que el cuerpo ocupa cerca del 50 por ciento de la composición, pero también comprobamos que se trata solo del torso, y que es la inscripción “JEFE” la que nos indica su género: es un hombre. Su figura, en cuanto cuerpo-continente, exhibe algunos de los órganos del cuerpo –no todos–: los pulmones, el corazón con su vasos sanguíneos, el estómago, el marco colónico; a ello se suman la columna vertebral en toda su extensión, las costillas y el esternón, que apoya su apéndice xifoides sobre el diafragma, además de las clavículas y los huesos del brazo (cúbito, radio y húmero).1 En su rostro, al igual que sucede en Cuatro cholas, se observa la pupila, que está contenida en el marco del músculo orbicular de los ojos, y en sus hombros reconocemos el grafismo que indica el músculo deltoides.

De esta descripción surge que se trata de un cuerpo diseccionado, y solo algunas marcas, como los pliegues cutáneos en la mano derecha, los párpados (en su doble juego de líneas curvas paralelas), los labios y el extremo de la nariz nos remiten a aquello que lo distingue: la piel que lo recubre y que encuentra expresión en el cuidadoso delineado de su contorno. Lo que Xul cita aquí son varias de las láminas que ilustran el Atlas de Sobotta, dado que en una única imagen conjuga distintos planos o capas del cuerpo humano según son representados en ellas. Pero la cita no es literal, ya que, si la materia de ambos está relacionada, en Jefe de sierpes (pensada como lámina o ilustración) se trata del punto de partida para formular por medio de la pintura la posibilidad de que el cuerpo humano pueda sufrir modificaciones. Por eso él es exhibido de manera frontal ante la mirada y el escrutinio del espectador. Y aquí la cuestión de la vida o la forma de existencia de ese jefe es puesta en cuestión; todo indica que no se trata de un cuerpo vivo, es un cuerpo anatómico y, en cuanto tal, está sujeto a ser estudiado. Solo unos pocos elementos nos hablan de una probable vida, los pliegues cutáneos ya señalados, mientras que los párpados son un elemento residual de la constitución exterior de la cabeza, y en lo que concierne a la boca, sus pliegues laterales aparecen atravesados por líneas paralelas, y en sus intersticios se ubican pequeñas franjas blancas: lo que vemos es un juego ambiguo de la relación interior-exterior para la representación de los dientes.

Por una entrevista de 1929 sabemos que Xul se encontraba trabajando en la modificación de la notación musical, del sistema de escritura y del idioma, y que se mostraba convencido acerca de un cambio en el cuerpo humano: “…yo creo que el hombre futuro tendrá esta forma. Carecerá de estómago; sus pulmones y corazón…”.2 Y aunque su descripción del nuevo hombre quedó inconclusa, nos señala una vía de acceso a Jefe de sierpes: allí el estómago es representado, pero no lo están el resto de los órganos (hígado, bazo y riñones), sin contar que tampoco aparecen las glándulas (tiroides, timo, páncreas y suprarrenales).

Lo que el artista-creador estaba considerando era la posibilidad de una transformación en la constitución del cuerpo humano en pos de una nueva perfección. Jefe de sierpes es una “lección de anatomía”, pues es el resultado de la necesidad de enseñar al espectador aquello que hay en el interior de aquél exteriorizándolo. Pero ¿cuál era su objetivo? Y aquí, para entenderlo, tenemos que dejar en suspenso la lectura de los símbolos y de los signos –las formas geométricas (el triángulo y el círculo), la palabra “JEFE”, el número “9”, la flecha, el Sol en eclipse anular, las dos serpientes–, ya que todos ellos nos llevan hacia el título de la pintura pero, a la luz de la potencia otorgada a la exhibición del cuerpo, su interpretación queda opacada.

Para comprender esto último basta considerar otra obra, Hipnotismo (1923), en la que, para la construcción de los cuerpos, el autor partió de la misma fuente gráfica y descriptiva (el Atlas). Sin embargo, aquí la ubicación de un hombre y de una mujer en el espacio, con sus respectivos tamaños jerarquizados, el texto inscrito en la superficie y la gestualidad y la mirada de cada uno de los actores que ahora interactúan entre sí nos indican la existencia de una estructura narrativa que puede ser leída aun sin conocer su fuente iconográfica. El texto es otro, y el acento, a diferencia de lo que ocurre en Jefe de sierpes, está puesto en la capacidad de relatar una acción, no de formular en términos teóricos aquello que ha de definir a un nuevo ser humano.

Texto de Patricia M. Artundo

 

Notas

1. Le agradezco a la doctora Jimena Fernández su detallada descripción del cuerpo anatómico tal como aparece representado en Jefe de sierpes, en un correo enviado a mí en 2016.

2. Xul Solar, Alejandro, en Barreda, Ernesto Mario, “Por los reinos de la cábala”, La Nación Magazine, Buenos Aires, año 1,
nº 16, 20 de octubre de 1929, p. 32.

Jefe de sierpes, 1923

Ficha técnica

Titulo: Jefe de sierpes
Año: 1923
Técnica: Acuarela y grafito sobre papel montado sobre cartón
26 x 32 cm
Nro. de inventario: 2001.176
Donación: Eduardo F. Costantini, Buenos Aires

En exposición