Alicia Penalba (Alicia Rosario Pérez Penalba) fue una escultora nacida en la Argentina en 1913, que desarrolló su obra escultórica en París desde los años cincuenta hasta su muerte, en 1982.

Esta serie de Formes volantes [Formas voladoras] o Relieves,1 como ella las llamaba, “como milagrosamente suspendidas en el espacio”, deriva tal vez de sus Orolirios (Aladas sobre muros) y de sus Esculturas por elementos; son obras en general de resina poliéster “que se posan sobre los muros”, con formas independientes, en piezas autónomas que integran un todo con su soporte vertical y que están concebidas en grandes tamaños, en su mayoría para lugares amplios y abiertos, para crear una relación muy dinámica con el espectador, la arquitectura y el espacio público.

Alrededor de 1956 comenzó a trabajar en un tipo de obras que llamaba por elementos separados, las cuales tenían ya un carácter monumental, aunque fueran pequeñas. Son relieves de formas orgánicas puntiagudas, cónicas, autónomas, que salen desde una base plana y dialogan entre sí formando un todo, originando ritmos y juegos de sombras. En las primeras esculturas, estas formas salían de una base, y luego de la tierra misma, creando un “campo de alas”, como en su gran proyecto site-specific para la Universidad de Saint Gall, Suiza (1963); o de un espejo de agua, en la fuente para la Société Roche, París (1971); de los muros (formas voladoras); de paneles de vidrio (Expomat, Puteaux, 1960); o del muro curvo exterior, como en Hakone, Japón (1969), entre otras. En ellas, el espectador y la naturaleza y/o la arquitectura circundante completan la obra.

El concepto de formas independientes unidas en un grupo escultórico estaba presente también en la producción de su contemporánea, la escultora británica Barbara Hepworth, quien, al igual que Penalba, trabajaba con la idea de lo arcaico y primitivo, influida por el pensamiento zen y sus jardines, en obras como Group of 12 Figures (1951), o Two Menhirs (1955). En este sentido, en Penalba, el ascetismo oriental le es familiar no porque haya estudiado ni vivido en Japón, sino porque el paisaje patagónico y el chileno de su infancia se asemejan en esta idea de lo horizontal como campo minimalista donde crecen muy pocas vegetaciones, algunos árboles achaparrados que parecen perder el equilibrio –como el ikebana– y la sensación de monumentalidad, de vastedad. Esa evocación de su terruño desde lo esencial, desde el temperamento de su lugar en el mundo, la sitúa en una tesitura similar, aunque posterior, a la de su compatriota Sesostris Vitullo, al que posiblemente conoció en París y cuya exposición retrospectiva en la Galerie de Verneuil, en 1954, tal vez haya visitado. También, en la cuestión zen, Penalba conocía la obra del japonés Isamu Noguchi.

Sobre esta serie, de formas similares a sus Aladas, la artista decía:

Había recuerdos, elecciones de cosas de la naturaleza, cosas que brotan de la tierra, rectas hacia arriba, como ciertas plantas, que crecen buscando la luz. Eso para mí siempre fue algo mágico, milagroso. Algo que brota de la tierra y sube en línea recta es una belleza.2

Penalba hablaba de su geografía natal en su obra, lo cual continúa, de alguna forma, la tradición latinoamericana –desde los primeros artistas viajeros, curiosos por lo exótico y romántico del paisaje– de plasmar en el arte la naturaleza vasta, la gran espacialidad, desde el Amazonas hasta los volcanes mexicanos o chilenos, o la Patagonia. En esos casos se trataba de una topografía, no de una geopolítica, y en el de Penalba, de una obra que, además de ser apolítica, es totalmente subjetiva, personal; es su propia síntesis abstractiva del paisaje.

A partir de su primera fuente para el edificio de la Électricité de France en 1959, la artista se sintió atraída por la unión de la escultura con la arquitectura y la relación del espectador con el espacio público en la escultura de tamaño monumental. El año 1960 marcó otro impulso en su obra, con su muestra individual en la Galerie Claude Bernard, París, en el mes de mayo, prologada por Michel Seuphor.3 También en 1960 recibió un encargo para el stand de la firma Saint-Gobain, Puteaux, Francia, en Expomat CNIT, en el cual inició esta serie de formas voladoras, con un gran relieve en poliéster dorado a la hoja sobre paredes de vidrio. Penalba estaba cambiando el pesado bronce de los relieves Orolirios por materiales de una mayor ligereza, que le servían para anular la gravedad, dar un vuelo mayor y lograr una desmaterialización de la escultura objetual. También buscaba un ritmo musical que se incorporara al soporte (edificio) y que dialogara con el entorno natural:

Los elementos separados son volúmenes cónicos con superficies lisas curvadas, agrupados y alineados en una larga guirnalda. De su ritmo animado nace como una danza, que crece hacia el espacio, luego se retrae, con avances, retrocesos, una suave pulsión.4

En 1964, para su exposición retrospectiva en el Kröller-Müller Museum, Holanda, mostró otra versión de esta serie, que fue montada sobre un muro exterior en ladrillo visto, y que luego el museo adquirió para su co- lección. Exhibió una nueva versión en Lam, Matta, Penalba: Totems et tabous, dans une installation improvisée par Pierre Faucheux, en el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris, en 1968.

En 1969 fue invitada a The Exhibition of Modern International Sculpture, en The Hakone Open-Air Museum, Japón, donde recibió una mención honorable del jurado, y el museo adquirió la obra. Penalba recordaba diez años más tarde su experiencia:

Fui a la inauguración […] y me pidieron que hiciera una obra adaptable a la arquitectura del lugar. Pedí planos y vi que había un gran muro de cemento, pero cemento labrado con martillo. Eso se hace con un martillo que tiene pequeñas puntas, se golpea con él y se logra una rusticidad bastante gruesa en el cemento, en la piedra, etc. Es una textura muy bella. Entonces, hice un relieve en poliéster, especialmente para ese museo. Esa vez no lo doré a la hoja porque era para el exterior, sino que puse en la masa de poliéster polvo metálico, de bronce, latón y cobre, de modo que parecía hecho en bronce. […] En resumen, cuando pude realizar y montar al aire libre esas formas voladoras, tuve la satisfacción de ver que eran como un encantamiento para el público, que eran aceptadas.5

Ese año, también con sus Formes volantes, realizó Ponente, con el mismo tipo de formas autónomas, en resina, con 16 piezas. Por fotografías de archivo se sabe que en los montajes de estas piezas autónomas introdujo variaciones en formas y cantidad de elementos, tanto en exposiciones en galerías como en su segunda retrospectiva del Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris, en 1977, y también, en escala monumental, site-specific, para el muro exterior de un edificio en la Cité Scolaire Jean-Baptiste Darnet, Saint-Yrieix-La-Perche, Francia, en 1977 (15 piezas), así como en otra versión titulada Elogio al fuego, copia única (15 piezas), del Museo de Bellas Artes de Caracas, en 1978.

Texto de Texto de Victoria Giraudo

 

Notas

1. Penalba los llamaba, en general, reliefs o grands reliefs.

2. Biron, Normand, “Entretien avec Penalba”, Ateliers, Montréal, vol. 7, nº 6, septiembre-octubre de 1979, pp. 3 y 7.

3. Seuphor, Michel, Alicia Penalba (cat. exp.), Amriswil, Bodensee-Verlag, 1960.

4. Merkert, Jörn, “Un enfoque en ocho puntos de la obra escultórica de Alicia Penalba”, en AA.VV., Alicia Penalba, escultora, Barcelona - México D.F., RM - Malba - Archivo Alicia Penalba, 2016, p. 209, publicado originalmente en Merkert, Jörn, Penalba, Paris, Carmen Martínez éditions, 1977.

5. Biron, Normand, op. cit.

Formes volantes, 1969

Ficha técnica

Titulo: Formes volantes
Año: 1969
Técnica: 26 piezas en fibra de vidrio o polímero reforzado con fibra de vidrio
Medidas variables según montaje
Nro. de inventario: 2018.03
Donación: Eduardo F. Costantini, Buenos Aires

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