Cuadro escrito forma parte de una treintena de obras que componen la serie Manuscritos, desarrollada entre 1964 y 1965, realizadas con una caligrafía cursiva, gestual y continua que dibuja textos. Algunos de ellos comienzan con la transcripción de noticias de prensa o relatos bíblicos cuyos desenlaces son alterados por Ferrari,1 pero, en su mayoría, fueron imaginados por él.2 Los manuscritos se elaboran con una alternancia de “palabras raras” que el artista hallaba en el diccionario, atraído por su aspecto fonético. Estas palabras suscitaban su interés, quedando relegado su significado real, lo cual produce una obturación a la comprensión del relato y expone así la ambigüedad del lenguaje. Sobre estas obras, Ferrari expresó: “La forma de escribir, de dibujar las palabras, es parte de su significado, como lo es el tono de la voz que las pronuncia. Y escribo dibujos para contar pensamientos, imágenes que las palabras no saben contar”.3

En este sentido, el aspecto material que el trazo otorga a cada letra, con sus ondulaciones irregulares, sus alargamientos y su espesor, sugiere una sonoridad concreta.

El dibujo, para Ferrari, significaba un ejercicio mental que activaba procesos creativos, y las distintas formas de expresión lo desafiaban a la renovación del lenguaje y la exploración simultánea de sus posibilidades plásticas y semánticas.

Cuadro escrito es una pieza emblemática para el arte latinoamericano, que anticipa el arte conceptual de Joseph Kosuth y asigna una especificidad subjetiva frente al rígido estilo del norteamericano.4 La apertura del cuadro expresa:

Si yo supiera pintar, si Dios en su apuro y turbado por error confuso me hubiera tocado, agarraría los vellos de la marta en la punta de una rama de fresno flexible empapados sumergidos en óleo bermejo y precisamente en este lugar iniciaría una línea delgada flaca ya con la intención de cubrirla después maniobrando con la transparencia. Al lado un pozo absolutamente negro y definitivo.5

Su relato explicita una imposibilidad y construye una imagen de sí mismo interpelando su producción como artista que, en este gesto de escritura, renuncia a pintar. Sobre la obra, Noé Jitrik, en 1991, escribió:

…porque en ese gesto León Ferrari estaba todo entero, con su bonhomía y su historia, con su memoria y su tolerancia, con todo eso que un hombre carga sobre sí y trata de convertir, en su caso con la modestia de una aparente objetividad, en una línea continua, pura y desnuda pero, al mismo tiempo, cargada de esa mano y ese cuerpo, de una fuerza que, repito, es fundante, nada tiene que ver ni con la expresión ni con un mensaje bienpensante y sensato, vehículo del sentido común.6

Sutilmente, el artista reconfigura el dispositivo visual e invoca la dimensión discursiva que desmaterializa el potencial cuadro y produce una operación conceptual. Con la autorreflexividad de la práctica descentra la pura visualidad, donde prevalecería el valor meramente estético de la obra.

Luego de una meticulosa descripción sobre lo que el artista haría si supiese pintar, el cuadro concluye:

Pero Dios no lo quiso, cuando yo en mi turno pasé a su lado con el alma extendida en una limosna Dios no quiso tocarme: tenía su mano entretenida haciendo los valles y nalgas de Alafia y no quiso sacarla ensimismado en Alafia aunque era mi turno y no quiso tocarme.7

Podemos advertir que, dentro de lo que Dios significa en su horizonte de valores, transgrede las reglas de la tradición para fundar su propia creación, potenciando la libertad individual frente a los mandatos divinos.

En este sentido, en Cuadro escrito convergen el tratamiento formal y la solidez conceptual que subyace en gran parte de su producción posterior y formula –aún tímidamente– su postura crítica y confrontativa frente a los valores occidentales y cristianos.

Texto de Andrea Wain

 

Notas

1. En el manuscrito-collage El árbol embarazador, transcribió parte del relato bíblico del Diluvio Universal, y en el desenlace narra que las mujeres se salvaron “inflando los pechos y las nalgas para flotar. Los hombres, sí, se murieron todos, pero Satanás rescató el pene de cada uno de ellos y lo injertó a un gran árbol, el Árbol embarazador. Allí treparon las mujeres: las pecadoras, en una gran fornicación colectiva”.

2. Son significativos los trabajos vinculados a la escritura: su collage literario Palabras ajenas (1967), el libro de investigación inconcluso Paulo VI y el Vietnam (1967-1973), los textos para Flasharte (1979-1980), la obra La bondadosa crueldad (2000), además de sus intervenciones con escritos ineludibles como El arte de los significados (1968) y tantos otros, muchas veces publicados en la prensa gráfica.

3. Ferrari, León, respuestas a “Cuestionario para artistas participantes”, correspondencia de L.F. a Mari Carmen Ramírez, 6 de mayo de 1996 (Archivo Fundación Augusto y León Ferrari. Arte y Acervo).

4. Sobre esta lectura de Cuadro escrito son fundamentales los aportes de Luis Camnitzer y Mari Carmen Ramírez.

5. Primer párrafo de la obra Cuadro escrito.

6. Jitrik, Noé, La mano, prólogo del catálogo de la exposición Escrituras y esculturas de León Ferrari en Álvaro Castagnino Galería de Arte, Buenos Aires, 1991.

7. Último párrafo de la obra Cuadro escrito.

Cuadro Escrito, 1964

Ficha técnica

Titulo: Cuadro Escrito
Año: 1964
Técnica: Tinta sobre papel
66 x 48 cm
Nro. de inventario:
Colección Eduardo F. Costantini, Buenos Aires. En comodato.

En exposición

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