De regreso en Buenos Aires, a comienzos de los 70, luego de pasar varias temporadas en Nueva York, Marta Minujín realizó diversas obras experimentales, continuando su labor de la década anterior. En 1971 trabajó con Eduardo Plá en una producción que cruzaba la performance, el cine, el teatro y la música: Buenos Aires, hoy ya!, con la colaboración de Claudio Caldini, un joven camarógrafo a quien volvería a convocar en 1976.

Minujín participó en varias exposiciones del Centro de Arte y Comunicación (CAyC), creado por el crítico y empresario Jorge Glusberg, un espacio interdisciplinario que fomentó distintas prácticas del arte conceptual, entre ellas una de su creación, el arte de sistemas, que se proponía trabajar sobre y en el espacio social.

En el CAyC, en 1975, Minujín realizó La academia del fracaso, una experiencia formalmente influida por el sistema de la sociología aplicado a una temática explorada desde su habitual actitud lúdica e irónica. Al año siguiente presentó allí mismo Comunicando con tierra, una acción efectuada en varias etapas a partir de diferentes medios, que formó parte de la exposición colectiva Arte en cambio 76, durante la cual, además, se convocó a un coloquio bajo la pregunta: “¿Existe una vanguardia latinoamericana en las artes visuales?”. Desde 1972, el CAyC promovía esta discusión y aseveraba acerca de la existencia de un arte latinoamericano surgido de una problemática común, la dependencia política y económica. De haber una vanguardia, se abriría el camino a cambiar ese statu quo.

Minujín comenzó a proyectar la instalación en abril de 1976, a un mes del último golpe militar. Para llevarla a cabo viajó a Machu Picchu y extrajo tierra del lugar para una acción posterior. En tanto, realizó un nido de hornero gigante a partir de una técnica constructiva ancestral, el adobe, la misma que utiliza el típico pájaro de las pampas. En este hábitat inspirado por la arquitectura “no cultural” del hornero, la artista reproducía en televisores los films Autogeografía y Autogeografía con máscaras, fotos y documentación gráfica de las acciones en Perú, junto a 23 bolsas de un kilo de la tierra de Machu Picchu, que representaba simbólicamente la identidad latinoamericana y sus mitos. Al cierre de la muestra, las tierras partirían para ser un lazo para la lucha y la unidad del arte de la región, y cada artista, a su vez, enviaría la propia al Perú, restituyendo el crisol de las culturas sudamericanas.

En este contexto, Autogeografía planteó una visión muy particular de las simbologías de la tierra y el cuerpo. En el film, Minujín aparece sonriente, informal, en bikini, tomando sol en una reposera en la te- rraza de su taller en la calle Humberto Primo, en Buenos Aires, la improvisada locación. Su cuerpo recibe puñados de tierra, granos de maíz, agua y otros cultivos americanos que le arrojan sus asistentes, por fuera del cuadro. La cámara empieza el recorrido por su rostro, pero se detiene con insistencia en su entrepierna. Minujín se mece levemente en reacción a los impactos sobre su cuerpo. Parece estar descubriéndolo, tomando conciencia de él, de su autogeografía. La tierra y sus frutos dibujan sus curvas y se instalan en sus oquedades como lo hace el yeso de la colada en una escultura. Es la percepción del cuerpo a partir de la activación de su superficie. Una música de connotaciones misteriosas, que recuerda la de La menesunda, intenta agregar suspenso a la única y previsible acción: le arrojan tierra. Dentro de la banda sonora, una voz masculina, como extraída de una trasmisión de radio, acelerada para dificultar su comprensión, señala:

La vida está presente en cada uno de nosotros y en cada una de las instancias […] la experiencia no pasa en vano […] la experiencia no es igual a la sombra que recorre el muro […] la vida que discurre por nosotros no nos deja nunca ni tan impertérritos ni tan indiferentes ni tan neutros […] el espejo dice al rostro del que lo mire lo que el rostro es…

Tras el sonido de un timbre que da un crescendo dramático que no se condice con la acción, se intercalan cuadros con textos manuscritos: “El absurdo es la finalidad de lo real”, “Si hay absurdo y si hay real, todo da igual”, “Solo es cierto aquello que inventamos”. Al final de la performance, la artista queda cubierta por tierra, y un texto sella el significado de la obra al afirmar que se propusieron “arrojar la barbarie”. Conclusión paradójica si consideramos que la tierra simboliza el origen y sus frutos, el resultado de la civilización y la cultura.

A pesar de haber sido relacionada esta performance con las desapariciones de personas durante la dictadura militar, consideramos esta interpretación como una recepción actual, basada en el momento en que se filmó, año del golpe de Estado. Las acciones y conceptos que desarrolla el film tienen un tono general antropológico, en línea con las temáticas desarrolladas por el body art internacional de los años 70.

La contradicción, la paradoja, el desorden y una especie de “vale todo” son presencia frecuente en la obra de Minujín desde La menesunda, vocablo lunfardo que significa lío, desorden, mezcla.

La polifacética artista utilizó la tierra para una experiencia personal y desinhibida sobre su propio cuerpo que expresa su reiterado interés por el erotismo como fuerza vital, ya evidente en su obra parisina La cámara del amor (1963), Eróticos en Technicolor y Revuélquese y viva (1964), y, más cercana a Autogeografía, la serie Frozen Erotism, de 1974.

En Autogeografía con máscaras, sobre un guión muy semejante, el film en colores incluye algunas tomas de Autogeografía. En esta obra sin banda sonora, Minujín juega a ser otras personas mientras le arrojan la tierra y los frutos. Por medio de unas máscaras de látex muy realistas y populares en la época, que compró en Nueva York, representa a Fidel Castro (el arquetipo del revolucionario latinoamericano), a una mujer latina, mestiza (arquetipo de la raza), y a un personaje diabólico (el arquetipo del mal). Autogeografía con máscaras, a diferencia del tono más lúdico de Autogeografía, adhiere a la estética analítica del arte conceptual: al comienzo del film, Minujín muestra unas cajas de madera que contienen cada uno de los elementos involucrados en la performance.

Una copia de estos films se encuentra en la colec- ción del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, a donde ingresó en 2007.

Texto de María José Herrera

Autogeografía, 1976

Ficha técnica

Titulo: Autogeografía
Año: 1976
Técnica: DVD filmado originalmente en Super 8 blanco y negro con sonido
Duración: 11'26''
Nro. de inventario: 2014.35
Donación: De la artista, Buenos Aires, 2014

Fuera de exposición

Bibliografía

Paul Schimmel
Out of Actions: between Performance and the Object
Los Angeles
MOCA
1949