Marcia Schvartz comenzó a dibujar y pintar en su niñez, junto a Ricardo Carreira y en los talleres de Luis Falcini y de Rebeca Guitelzon. Asistió a la Escuela Municipal de Bellas Artes Manuel Belgrano y estudió grabado con Aída Carballo. Pasó fugazmente por los talleres de serigrafía de Jorge Demirjián y de pintura de Luis Felipe Noé. Su contacto con el fotógrafo Humberto Rivas, durante su exilio en la Barcelona posfranquista, entre 1977 y 1982, derivó en su interés por el retrato, género al que adscribió y que la ubicó en un lugar central en la generación de jóvenes artistas de la década de 1980.

Schvartz era ya una artista de talento y trayectoria reconocidos cuando fue seleccionada en la segunda edición del Premio Costantini, en 1998, con la obra Ainda, realizada cerca de una década antes. Un jurado integrado por Alicia de Arteaga, Eduardo Costantini, Jorge Glusberg y Victoria Verlichak la distinguió con el primer premio entre otras quinientas treinta obras presentadas. Dado que el certamen implicaba la adquisición de la pieza, Ainda pasó a formar parte de la Colección Costantini y fue incluida en la exposición inaugural de Malba en 2001.

La pintura de Marcia Schvartz pertenece a una etapa de su producción cuando sus telas habían dejado atrás los semblantes de los personajes urbanos, marginales y marginados, que supo registrar durante su exilio en Barcelona y, a su regreso, en el barrio del Abasto de la ciudad de Buenos Aires. Por entonces la autora concluía también la serie de célebres retratos de los protagonistas de la cultura subterránea porteña de los años 80. Hacia finales de la década, la pintora dedicó sus pinceladas a personajes anónimos, tanto en su serie de los Morochos como en los paisajes habitados por indios y mujeres que se confunden con la vegetación y el agua.

Ainda se nutrió de sus viajes por América Latina, de sus estancias a orillas del río, de su apasionada búsqueda por configurar esa identidad escurridiza y dolorosa de nuestro continente. La historia amasada en el limo del río de la Plata, del Amazonas y el Paraná imprimió su pintura, que arremolina la evocación de los dos genocidios que tiñeron las aguas por estas latitudes: el exterminio de los pueblos originarios por la conquista europea y las desapariciones perpetradas por el terrorismo de Estado durante la última dictadura argentina.1 Las remotas víctimas se funden en la sensualidad de los cuerpos que habitan en comunión o espectralmente la naturaleza salvaje. El término en portugués del título, “ainda”, que significa “todavía”, refuerza la idea de una espera latente y del recuerdo de tantas muertes. Aquella mujer camuflada entre el follaje tejido por hojas de camalote y cactus reinventados se nos presenta como una Ofelia aborigen, como una india durmiente, como un ánima errante que fecunda con su cuerpo yacente el ciclo de la vida y la muerte.

Su producción de esta época se encuentra afectada por la pérdida de seres cercanos, como su amiga y compañera de militancia Hilda Fernández, desaparecida en 1977. La experiencia de duelo se intensificará con la temprana muerte de su amiga íntima, la artista Liliana Maresca, con quien compartió una casa en el Tigre y largas horas de observación directa de su paisaje. Schvartz ha señalado la cualidad regenerativa de la naturaleza, y en particular del agua; ha investigado en sus óleos las transformaciones de la materia pictórica y simbólica, las metamorfosis de la vida, la trasmutación ante la muerte. Estas búsquedas parecen guiar la animación de los paisajes, como en Ainda, donde cuerpo femenino y plantas, cabellos y juncos, río y cielo se disuelven en la sinuosidad de las formas. Una nebulosa de singular cromaticidad envuelve destellos de púas y espinas que se asemejan a estrellas de un cielo caído. El color exacerbado da lugar al brillo en un intenso trabajo con los efectos de la pintura tornasolada, al que la pintora suma resplandores reales con la incorporación de láminas de mica y metal sobre el lienzo.

Si bien en otros momentos de su producción se ha vinculado su pincelada a la densidad expresiva de la nueva objetividad alemana, a la poética del erotismo de Egon Schiele, a las modulaciones del color de Lucien Freud, toda la pintura de Schvartz posee una indudable raigambre en la tradición local. Más precisamente, en la figuración crítica que emparenta a Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni, Carlos Gorriarena, Jorge de la Vega, Carlos Alonso, Fermín Eguía, Pablo Suárez y Luis “el Búlgaro” Freisztav.2 Cuando pintó Ainda, los estertores del neoexpresionismo sucumbían a la sensibilidad del “arte de los 90”. Cuando la brillantina y el papel metalizado dieron nuevos y sintéticos lustres a los objetos artísticos, Schvartz prefirió la nobleza de la mica y pintar con púas de cardos para experimentar la revisión de los mitos y leyendas ancestrales americanas a la par de las proyecciones místicas cuando la muerte acechaba nuevamente. Desde los fondos de los ríos a la extensión pictórica, su obra parece comulgar con la poética “neobarrosa”, acuñada por el poeta Néstor Perlongher para definir el neobarroco rioplatense. Con sus gestos de controlados excesos, Marcia Schvartz agita el barro sedimentado por la historia para sumergir la pintura y llevar a la superficie la posibilidad de persistir en el ensayo de una identidad americana.

Texto de Viviana Usubiaga

 

Notas

1. Carrascal, María Laura, “Mujeres de agua dulce. Marcia Schvartz, Liliana Maresca, Hilda Fernández”, en Schvartz, Marcia, Fondo, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2009, p. 40 y ss.

2. Malosetti Costa, Laura, “Marcia Schvartz”, en Levinas, Gabriel (ed.), Marcia Schvartz. Joven pintora. Buenos Aires / Barcelona 1975-1984, Buenos Aires, Artemúltiple, 2006, p. 10.

Ainda, 1989

Ficha técnica

Titulo: Ainda
Año: 1989
Técnica: Óleo, mica y hojas de metal sobre tela 
160.5 × 181.5 cm
Nro. de inventario: P1998.01
Donación: Primer Premio Adquisición, Premios Costantini, Museo Nacional de Bellas Artes, 1998

Fuera de exposición