Joaquín Torres García
Comercio, 1917
Constructivo con áncora
1935
Después de vivir en Europa durante la mayor parte de su vida, desde 1891 hasta 1934, Joaquín Torres García retornó a Montevideo para pasar lo que restaba de ella promoviendo el arte moderno. Su vinculación con la abstracción y su historia en relación con las vanguardias europeas (modernismo, novecentismo, vibracionismo, ultraísmo, futurismo, cubismo) le permitieron, tras su regreso a su país natal, convertirse en mentor de una nueva generación de artistas, a los que alentó a encontrar su propio “ritmo personal”1 para fomentar la invención y la creatividad por medio del estudio de sus ideales constructivistas. En Montevideo, formó dos importantes grupos: la Asociación de Arte Constructivo (1934-1939), que incorporó el arte precolombino a un lenguaje abstracto geométrico con el fin de crear una nueva ideología que fusionara el pasado con el presente, y el Taller Torres García (1943-1962), que impulsó ejercicios experimentales que contribuyesen a la creación de un nuevo lenguaje universal basado en el arte de las civilizaciones pasadas. El segundo promovió a grandes artistas en el Uruguay; entre ellos, a los dos hijos de Torres García, Horacio Torres y Augusto Torres, así como a Julio Alpuy, Gonzalo Fonseca, José Gurvich y Francisco Matto.
Entusiasta escritor y conferencista, en la última década de su vida Torres García continuó exponiendo, dando conferencias y publicando ampliamente. En 1939 apareció su autobiografía, Historiade mi vida, por intermedio de la Asociación de Arte Constructivo; en 1940 dio su 500ª conferencia en el Salón de la Comisión Municipal de la Cultura (había estado trasmitiendo sus conferencias por radio desde 1936); en 1944 publicó Universalismo constructivo –una selección de 150 conferencias que había dado en el Uruguay entre 1934 y 1943–, que constituye hasta hoy un testimonio enciclopédico de sus principios artísticos fundamentales; en 1946, Removedor (una revista publicada por el Taller Torres García) incluyó varios artículos de su autoría, y entre 1947 y 1948 dio una serie final de conferencias en la Facultad de Humanidades y Ciencias de Montevideo.
Constructivo con áncora fue creado en 1935, un año después de que Torres García volviera al Uruguay, y es típico de su lenguaje pictórico de ese período. Para entonces, su repertorio de símbolos pictográficos estaba bien desarrollado, así como la articulación de la cuadrícula como la estructura primaria inherente a la composición. Esta obra en especial, que funcionó como uno de sus varios dibujos preparatorios para su mural de 1938 Monumento cósmico, ubicado en el Parque Rodó de Montevideo, emplea imágenes primordiales o arquetípicas análogas al concepto del artista de un arte universal enraizado en el arte y la cultura indígenas de las Américas. Cada uno de esos símbolos está reducido a sus componentes estructurales más básicos, y está delineado en lápiz, luego dibujado por encima con tinta y sombreado mínimamente para ilustrar sus espacios positivos y negativos, como aparecería al ser tallado en la superficie de la piedra. Alojados individualmente y vinculados dentro de la estructura de la cuadrícula, estos pictogramas –un barco, una pala, un ancla, un hombre, un animal– hacen referencia a nociones universales tales como la razón, el intelecto, la humanidad y el mundo natural.
Texto de Geaninne Guimarães
Notas
1. Torres García, Joaquín, “Con respecto a una futura creación literaria”, Arturo. Revista de artes abstractas, Buenos Aires, nº 1, 1944. Edición facsimilar, Aberdeen, Centre for the Study of the Hispanic Avant-garde, University of Aberdeen, 1994, The Museum of Modern Art Library, New York. ↑