A lo largo de más de seis décadas de producción artística, la naturaleza se mantuvo como tema central en la obra del artista visual Frans Krajcberg. El interés de éste por los ambientes libres de la intervención humana se revela en diversos aspectos de su trabajo: en los materiales directamente extraídos de la naturaleza, en la preferencia por técnicas artesanales, en el registro fotográfico de paisajes naturales y en la implacable denuncia de la destrucción desenfrenada de la naturaleza. Una visión panorámica de la obra de Krajcberg permite comprobar que su desarrollo en torno de un único eje temático, abordado en múltiples facetas, otorgó coherencia y profundidad a su investigación artística, en constante reinvención.

La opción del artista de dedicarse a la naturaleza tuvo origen en hechos determinantes de su biografía. Krajcberg nació en Kozienice, Polonia, y se naturalizó brasileño en 1957. Durante la Segunda Guerra Mundial fue perseguido por los nazis, perdió a toda su familia en un campo de concentración y luchó en el ejército polaco contra Alemania. Después de experimentar todo ese potencial destructivo humano, orientó su atención hacia la naturaleza. En la década de 1940, inició sus estudios de arte, y en 1948 se mudó al Brasil. Durante los años siguientes, residió en diversas ciudades de ese país y trabajó en lugares que influyeron en su obra: fue obrero en la Bienal de San Pablo, donde expuso varias veces, e ingeniero en una papelera, donde fue testigo de la transformación de bosques en papel. Paralelamente a esas actividades, conquistó poco a poco un espacio en el circuito artístico del Brasil. Finalmente, en 1957, ganó el premio al mejor pintor brasileño en la IV Bienal de San Pablo

Con el reconocimiento que le confirió esa distinción, Krajcberg viajó a París en 1958. Durante su estadía en Europa, que duró hasta 1964, realizó diversos viajes a la isla española de Ibiza, donde vivía en una gruta. En ese lugar de inmersión en la naturaleza, inició una serie de trabajos en los que utilizó papel japonés para captar la textura de las piedras. Creó así relieves de papel que luego pintaba. Sin título, de 1961, es un ejemplo de los resultados de ese procedimiento

Frederico Morais, crítico de arte brasileño, destacó que, en esos relieves, “muy probablemente no era la intención del artista crear imágenes descriptivas, sino expresar un tipo de energía que nace directamente de la materia; materia como en ebullición, en combustión o desintegración”.1 La materialidad figura entre los principales puntos de interés de la obra de Krajcberg. Éste no solo adopta la naturaleza como tema, sino que también se apropia de sus formas y sus materiales. En los relieves mencionados, que realizó a fines de la década de 1950 e inicios de la siguiente, no impuso contornos ni trazos en el material; al contrario, utilizó las fibras del papel para registrar la textura de las rocas, cuyas formas no están sometidas a la voluntad del artista. En su proceso creativo, la naturaleza no es solamente materia prima, sino que ella tiene una función activa en la elaboración formal.

Además, en esos relieves, la manera como el autor empleó los colores es igualmente respetuosa de las formas naturales. Krajcberg agregó color a los relieves, dialogando con las texturas de las rocas. En ese sentido, el historiador de arte portugués José-Augusto França destaca que “el color podía subrayar la forma, pero ésta siempre constituía un punto de llegada inalterable en la estructura propuesta, y ningún dibujo perturbaba el juego deseado”.2 De ese modo, la intervención creativa de Krajcberg sobre la naturaleza no tiene un sentido de imposición de un proyecto racional, sino de diálogo sensible con las formas, las texturas y los colores que se desarrollaron independientemente de la voluntad humana.

Sin título también forma parte de un proceso de reconocimiento internacional de la obra de Krajcberg. Este relieve fue uno de los trabajos que el artista expuso en la XXXII Bienal de Venecia, en 1964, y que le valieron el Premio Ciudad de Venecia. Además de la visibilidad que ganó su obra con esa premiación, ese evento también marcó un nuevo momento en su producción, en el que la naturaleza brasileña se volvió protagonista. El discurso de protección de la naturaleza se intensificó en la labor del artista, quien, a partir de 1972, vivió y trabajó inmerso en la floresta a orillas del mar de Nova Viçosa, en el estado brasileño de Bahía. En 1978, el crítico de arte Pierre Restany, el artista Sepp Baendereck y Krajcberg emprendieron un viaje por la selva amazónica, que dio lugar al célebre Manifiesto del Río Negro. Krajcberg siguió hasta el final de su vida realizando esculturas, fotografías, grabados, etcétera, siempre con la naturaleza como hilo conductor de su poética.

Texto de Bruno Sayão

 

Notas

1. Morais, Frederico, Frans Krajcberg Revolta, Rio de Janeiro, GB Arte, 2000, p. 13.

2. França, José-Augusto, texto de introducción, en Galeria de Arte da Casa do Brasil, Krajcberg (cat. exp.), Roma, Oficina Gráfica do SEPRO, 1963.

Sin título, 1961

Ficha técnica

Titulo: Sin título
Año: 1961
Técnica: Pulpa de papel coloreada y quemada sobre tela
96 x 66,7 x 2,8 cm
Nro. de inventario: 2000.05
Donación: Eduardo F. Costantini, Buenos Aires

En exposición

Bibliografía

Uillian Trindade Oliveira
Frans Krajcberg: História de vida e processo de criação
Vitória
Universidade Federal de Espírito Santo
2015

Federico Morais
Frans Krajcberg Revolta
Rio de Janeiro
GB Arte
2000