Si el título original de la obra es tal, Mensaje, quien está representado en ella es un mensajero, y lo que muestra la pintura es el desarrollo de una narrativa en un tiempo y espacio determinados, en tanto este hombre se eleva sobre la tierra y en su vuelo atraviesa la superficie. Así, es su cuerpo el que relaciona aquellos subespacios que se pueden reconocer aun cuando en algún caso son apenas indicados. En la parte superior del lateral izquierdo lo que vemos es un arco, expresión mínima de una posible arcada o de una puerta; el perfil esquematizado en zigzag nos señala en la mitad inferior una escalera y, por último, una ventana nos indica que en el lado derecho existe un muro. La puesta en relación de esos subespacios está dada por la posición central del cuerpo y su direccionalidad: él se dirige hacia la derecha para ingresar por la ventana a otro espacio. Sin embargo, la exagerada extensión del brazo derecho y la ubicación de la pierna izquierda indican que ha atravesado o proviene de esa puerta o arcada situada en el lateral opuesto, pero la intrusión de su rodilla derecha en el espacio de la escalera señala el punto inicial de partida, el plano terrenal.

Como vemos, frente a la aparente simplicidad de aquello que es representado en la pintura, el espectador/lector actual debe tratar de comprender lo que ella le dice, aunque solo lo haga parcialmente. Sin alas, el cuerpo que se eleva y se mueve libremente, a pesar de su apariencia, no es un cuerpo físico, por eso el mensajero está prácticamente desnudo, liberado de todo aquello que lo sujeta al mundo terrenal. Pero su propia desnudez nos lleva a otras reflexiones que hacen a la pintura misma y a cómo ese cuerpo es presentado. Apenas un taparrabos cubre sus nalgas y, con suficiente ambigüedad en su representación, lo que cuelga como parte de su mínima vestimenta se encuentra más en el límite de ser visto en una primera, segunda o tercera mirada como el pene del hombre, y hasta uno podría pensar que el taparrabos es un agregado posterior, marca de una cierta autolimitación para exhibir abiertamente su sexo.

Lo que sí es claro es la intencionalidad del artista de mostrar un cuerpo joven y puro, con sus carnaciones rosadas y con la perfección de su rostro y el tocado de su cabeza, ambos abstraídos de toda forma natural. Y esto nos lleva a preguntarnos aquí acerca del lugar que Xul le dio a la construcción del cuerpo humano, sea desnudo o semidesnudo, a lo que deberíamos sumar que tanto Mensaje como varias de las obras realizadas en 1923 –por ejemplo, Idilio o Las dos– fueron destinadas a un ámbito privado. En este sentido, en 1926 expuso en Amigos del Arte otra pieza también de 1923, Ángel en vuelo: en este ángel, también semidesnudo, su ropaje y adornos contrastan notablemente con el cuerpo en su desnudez tal como es representado en Mensaje. Y si en este último podemos hablar de una pureza casi “clásica” del cuerpo, es porque éste aparece despojado de toda marca temporal y lo es por su definición a partir de líneas y curvas suaves, y la limitación del empleo de ángulos agudos a una expresión indiciaria del punto de partida de quien, como el mensajero, se ha desprendido de su cuerpo físico. Para comprender esto deberíamos observar Las dos, pintura que, en cuanto escenario, comparte algunos elementos en común con Mensaje, y en la que la desnudez de la mujer exhibe sin tapujos sus senos y pezones y su vulva, a lo que se suma una larguísima cabellera rubia que cae en cascada; pero son líneas mórbidas las que definen el perfil de su cuerpo, situándose así en el extremo opuesto del mensajero. Y si pensamos en Idilio, reconocemos a una pareja en pleno acto sexual, aunque sea el cruzamiento de las múltiples líneas que definen a sus cuerpos el que nos obligue a interpretar como tal la acción que se desarrolla en ese nuevo espacio.

En las tres obras mencionadas –a las que podríamos sumar otras del período 1922-1923– es claro que se trata de la representación de prácticas mágicas, aunque ignoremos cuáles sean éstas. Pero tal vez lo más importante a destacar aquí son aquellos aspectos que venimos insinuando en los párrafos anteriores y que hacen una vez más a la singularidad de la obra de Xul Solar. Por un lado, los modos de construcción y de presentación del cuerpo humano en su desnudez y el hecho de que el cuerpo por sí mismo es capaz de expresar una estructura narrativa, y que no importa si podemos actualizarla o no; ella está allí y se impone a nuestra mirada. Pero también el hecho de que estas obras nos reenvían a aquello que fue la intención del artista y abren la discusión hacia lo que es el ámbito privado y el espacio público para la circulación de las imágenes en su tiempo y en el nuestro.

Texto de Patricia M. Artundo

Mensaje, 1923

Ficha técnica

Titulo: Mensaje
Año: 1923
Técnica: Acuarela y gouache sobre papel montado sobre cartulina
15 x 21 cm
Nro. de inventario: 2001.180
Donación: Eduardo F. Costantini, Buenos Aires

En exposición