Con más de 2,5 metros de altura, las monumentales cortinas ondulantes de Decoración de interiores, de Beatriz González, representan reiteradamente una fotografía de prensa del ex presidente colombiano Julio César Turbay Ayala, cantando con invitados en una fiesta. La obra, originalmente de 140 metros de ancho, se exhibió por primera vez en 1981 y viajó a las cuatro principales ciudades de Colombia, Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga.1 La cortina fue expuesta al lado de un gran retrato de Turbay y su familia hecho por la artista, lo que recuerda los salones de pinturas cortesanas del siglo XIX. Pero la imagen de Turbay que trasmite González en esa instalación dista de ser cortés. Las figuras, chatas y rígidas, que miran insípidamente a lo lejos, evocan la tosquedad y la escasa calidad de la copia de periódico original, que la artista relaciona sarcásticamente con la ineficacia del presidente en medio de la violencia creciente y el malestar civil en el país. En forma similar al retrato real de Goya La familia de Carlos IV (1800-1801), la cortina describía a la familia presidencial colombiana “exactamente como era”,2 sin idealizarla, y desdibujada por la foto de prensa. Profundizando la alusión al proceso de impresión, González emplea para una parte de la obra unos pocos tonos apagados, y deja el resto en blanco y negro. Una sección de la cortina pertenece a la colección de Malba. En efecto, después de la exhibición inicial, González la cortó y la vendió por metro,3 en forma similar a la venta de cualquier otra tela decorativa. Decoración de interiores marca una transición clave en el desarrollo artístico de González, ya que ésta entrelazó su investigación de la imagen impresa con una actitud crítica hacia la situación sociopolítica colombiana. Al serigrafiar repeticiones de la escena en cortinas de grandes dimensiones, la artista subvierte y cosifica la imagen gráfica, convirtiéndola así en un objeto tridimensional que revela la frivolidad de la gestión presidencial.

Una “pintora de provincias”,4 según su propia definición, González ha centrado su obra en la idiosincrasia de Colombia presente en la cultura del grabado popular. A partir de Los suicidas del Sisga, la artista consolidó su estilo utilizando planos lisos de colores brillantes para crear una imagen directa, simplificada, tomada de recortes de prensa. Al adoptar y reproducir la escasa calidad de ese tipo de imagen en varias repeticiones, González se ocupó de la manera en que el conocimiento y las ideas se hacían circular visualmente en su país. La investigación se extendió a su obra con reproducciones de Gráficas Molinari, una compañía con sede en Cali conocida por imprimir iconografía religiosa e imágenes históricas. En la década de 1970, la artista comenzó a incorporar estas gráficas populares en muebles de producción industrial, coordinando cuidadosamente el tema con la función del objeto. Al situar en un nuevo marco la imagen del consumidor dentro de un objeto de consumo, González extrae la representación mediada del ciclo del consumo, otorgándole así una presencia concreta y cosificada.

Con la elección de Turbay, en 1978, González desarrolló una reificación abiertamente política de la imagen, ya que se sentía obligada a tomar una posición ética y crítica ante la violenta situación reinante en Colombia.5 González recuerda esto como el “peor período de represión gubernamental”,6 y comenzó a dibujar obsesivamente a Turbay a partir de fotografías de prensa. En esa época, pintaba a mano reproducciones de temas de la historia del arte en gran formato, sobre cortinas, cuando se topó con una foto el presidente enmarcado por ese mismo objeto. Influida por la composición de la fotografía original, en Decoración de interiores la artista trasladó su foco de atención de las representaciones universales a los acontecimientos específicos locales, y de la pintura a mano al procedimiento gráfico mecánico.7 Por primera vez en su trayectoria, produjo varias repeticiones de una imagen dentro de la misma obra, a gran escala. La figura ampliada de Turbay, en efecto, se reiteraba aproximadamente treinta y cinco veces en toda la cortina,8 envolviendo al observador en la escena. Las figuras que cantan se mueven y oscilan con los pliegues de la tela, que transforman la reproducción originalmente estática en una presencia física. Esta imagen reificada del presidente resalta su impasible indiferencia frente al malestar civil en Colombia, y se transforma así en un telón de fondo de las violentas realidades del país.

Después de que el M-19 tomara por asalto el Palacio de Justicia, en 1985,9 González adoptó un tono más sombrío que el del ridículo satírico de Decoración de interiores. De hecho, sus últimas obras abordan el trauma y la tragedia en la memoria colectiva colombiana, aunque aún emplea la reiteración y la reificación para comprometerse con el conflicto sociopolítico. Por ende, Decoración de interiores sirvió como base para el desarrollo de un enfoque artístico que González continuó utilizando a lo largo de su carrera.

Texto de Rachel Mohl

 

Notas

1. González analiza en detalle la exposición con Katherine Chacón en “Entrevista a Beatriz González realizada por Katherine Chacón”, en Beatriz González. Retrospectiva, Caracas, Museo de Bellas Artes de Caracas, 1994, pp. 9-20.

2. González se identifica con Goya, y en particular con esta pintura, en una entrevista con María Inés Rodríguez, “Conversaciones con Beatriz González”, en Beatriz González: 1965-2017, Bordeaux, CAPC Bordeaux, 2017, p. 36.

3. Ibid., pp. 40-42.

4. González ha sostenido desde hace tiempo que es una pintora de provincias, refiriéndose a su insistencia en temas locales, fuera de las corrientes principales. De hecho, su primera retrospectiva, en 1988, se tituló Beatriz González: una pintora de la provincia.

5. Mencionado en varias entrevistas, incluyendo las de María Inés Rodríguez (op. cit., pp. 40-42) y Katherine Chacón (op. cit., pp. 15-18).

6. Rodríguez, María Inés, op. cit., p. 36.

7. Carmen María Jaramillo analiza brevemente la importancia del proceso de serigrafía en su ensayo “Las imágenes de los otros: una aproximación a la obra de Beatriz González en las décadas del sesenta, setenta, mitad del ochenta”, en Beatriz González, Bogotá, Villegas Editores S.A., 2005, pp. 18-19.

8. Información proporcionada por el estudio de Beatriz González.

9. González ha declarado en varias entrevistas que éste fue un punto inflexión específico en su carrera, cuando ya no pudo seguir riéndose.

Decoración de interiores, 1981

Ficha técnica

Titulo: Decoración de interiores
Año: 1981
Técnica: Serigrafía sobre lienzo
220 x 600 cm
Nro. de inventario: 2016.05
Donación: Adquisición gracias al aporte del Comité de Adquisiciones de MALBA, Buenos Aires, 2015

Fuera de exposición